Localidades

Su judería era de las más antiguas de la península, ya que se formó alrededor del siglo II DEC. Como explicaba con cierto detalle en el siglo XVII el historiador B. Moreno de Vargas (Historia de la ciudad de Mérida – Madrid, 1633), el barrio judío se levantaba junto al templo de Diana, en la calle Santa Catalina, donde la antigua Sinagoga pasó a ser en 1492 la Ermita de Santa Catalina, manteniéndose hasta 1975. Desde entonces, en su lugar, junto al monumento romano citado se podía ver un solar tapiado que aún nos indicaba que la sinagoga, luego ermita cristiana, era pequeña y de planta casi cuadrada. El muro que quedaba de lo que fue dicha sinagoga, se derribó el día 5 de marzo de 2009, sin que la Consejería de Cultura y el Patrimonio nacional hicieran nada para conservarlo, otra cosa habría sido de ser un resto de un edificio musulmán. De Mérida se conservan dos lápidas judías con inscripción latina, de los siglos II al IV y otra tercera, también con inscripción latina, del siglo VI p VII. Las dos primeras se guardan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y la tercera en el Museo Sefardí de Toledo. En una de ellas, se ha encontrado una inscripción latina del siglo II en la que se lee el nombre de Iustinus de la Flavia Neapolis, la Siquem de la Biblia, que ha sido fundamentalmente catalogado como judío. En la otra lápida hallada en esa ciudad revela la existencia de judíos en el siglo VI o VII, y luego hay evidencia de que había judíos en esa ciudad y, posiblemente, en muchos otros lugares de la región. Pero después que se destruyeron los muros de la ciudad, el grueso de la población y, entre ellos, los judíos, se trasladaron a la vecina Badajoz. Consta que hubo judíos en la actual capital extremeña hasta la expulsión. En el siglo XIII Extremadura cae en manos de los cristianos, y en los Fueros de Coria (hacia 1210) y de Cáceres (1229), ambos firmados por Alfonso IX de León, se presta especial atención a los judíos. Se sabe que los judíos extremeños se concentraron en las ciudades, y que estaban al amparo de los grandes señores y de las órdenes militares de Santiago y Alcántara, que se crearon para defender esos territorios reconquistados del dominio moro. En un registro de Sancho IV de 1283 se habla de las juderías de Cáceres, Coria, Alcántara, Valencia de Alcántara, Badajoz, Mérida y Jerez de Badajoz, hoy llamada Jerez de los Caballeros. En el padrón de Huete de 1290 se agregan las localidades de Plasencia, Trujillo y Medellín. Con todo, el siglo XV habría de ser la verdadera época de esplendor de la judería en ese rincón español. Extremadura fue tierra de acogida para aquellos judíos que huyeron de los progromos de 1391, después sirvió de refugio a los judíos de Córdoba, Sevilla y Cádiz cuando se decretó su expulsión en 1483. Estos inmigrantes forzosos incrementaron el número de las juderías extremeñas en zonas tan definidas como: el Valle del Ambroz, del Jerte, la Vera de Plasencia y la Sierra de Gata, esto es, el norte cacereño. Así mismo, aumentaron el número de pobladores de las juderías ya existentes, tal es el caso de Cabezuela del Valle, Trujillo o Plasencia, cuyas comunidades judías aparecen, desde antiguo, descritas como aljamas, esto es, comunidades que contaban con todas las instituciones necesarias para llevar una vida auténticamente judía: sinagoga, rabino, auxiliares de la sinagoga, cementerio, mikve, es decir baño ritual, Talmud Toráh o academia religiosa, carnicería casher, horno comunitario, hospital para pobres y peregrinos, Bet Din o tribunal rabínico, así como un sistema de autogobierno propio. Y hasta existe un pueblo en donde sus habitantes suelen recordar con simpatía y un dejo de cierta nostalgia la presencia hebrea, y se escucha un refrán que dice “Hervás, los judíos los más”, como se verá más adelante. Al cumplirse el plazo del Edicto de Expulsión, quienes se negaron a convertirse tomaron el camino del exilio pasando a Portugal por Valencia de Alcántara. Más tarde, al ser expulsados de Portugal, iniciaron la gran diáspora sefardí por los Países Bajos, Marruecos y el Imperio de la Sublime Puerta, llevando en sus "alkunyas", en sus apellidos, nombres como: Casseres, Coriat, Kuriat, Alburkerk, etc, que todavía evocan su vida en "Sefarad, la bien kerida". A parte de los expulsados, los anusim, aquellos que cedieron a tantas presiones y se convirtieron al catolicismo, siguieron practicando el judaísmo en secreto, produciéndose este fenómeno en todas las capas sociales de la sociedad de la época; así, cuarenta años después de la muerte de Don Diego García de Cáceres, originario de Plasencia y lugarteniente de Don Pedro de Valdivia, el Conquistador de Chile, se supo que era un criptojudío. El historiador Haim Beinart, en "Los conversos ante el Tribunal de la Inquisición", Barcelona, Riopiedras 1983, se refiere a la noticia de un buhonero judío de Cáceres que practicó el "brit milá", la circuncisión, a varios conversos de Ciudad Real. Hoy en día se puede detectar en aquellas familias que, sin saberlo, conservan aún costumbres judías como por ejemplo lavar la carne antes de guisarla. Y, para terminar, no podría menos que mencionarse lo que afirma un historiador hispano: “... en muchos sentidos los judíos extremeños fueron los salvadores de la economía de aquella zona”.

Miércoles, 17 de agosto de 2022 -

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